Un agujero negro en el PP
"Un agujero negro es un objeto astronómico con una fuerza gravitatoria tan fuerte que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de él". Un agujero negro es una de las mejores demostraciones de lo minúsculos, perecederos e intrascendentes que somos los seres humanos dentro del universo, lo que convierte en decisiones mucho más estúpidas y dañinas las que toman quienes centran sus acciones vitales en emponzoñar la convivencia con quienes les rodean, a micro o macroescala. El agujero negro, en definitiva, se traga todo aquello que le rodea por más resistencia que trate de mostrar contra esta fuerza incontrolable.
Desde que Trump y Netanyahu comenzaron su ataque ilegal a Irán, el Partido Popular ha mostrado un preocupante agujero negro en el seno de su dirección que, aunque ya intuíamos, muestra una dimensión y una fuerza desconocida que amenaza con tragarse al partido tal y como lo conocemos y escupir otra cosa llamada Vox, pero sin volante. Nadie maneja el timón del PP en política exterior, para bien o para mal, este último que era el caso de José María Aznar, un presidente del Gobierno rendido en brazos de George Bush Jr. y cuya obsesión primera era ser el más atlantista, el más proUSA, de todos los países europeos. Aznar, que mintió y nos llevó a una guerra ilegal en Irak con un objetivo claro, sabía muy bien lo que hacía, los riesgos que corría España y los expertos y think tanks de los que debía rodearse para alcanzar la mesa de Bush con sus pies y un puro en la boca. El hoy presidente de FAES no era un ignorante, ni mucho menos, sino el tipo peligroso entregado al dogma neoconservador que sigue siendo, además, hoy hablando inglés con acento sionista en vez de tejano.
Alberto Núñez Feijóo no tiene a nadie que ocupe el lugar de la corte neocon de los Florentino Portero o los Rafael Bardají que tenía Aznar ni un Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) que lo asesoraba en tiempos de su apuesta por entregarse a EEUU y a Reino Unido en las Azores. Con José Manuel García Margallo fuera de las instituciones -aunque muy activo en conferencias y tertulias muy críticas con el Gobierno de Sánchez pero no siempre alineado con el PP de Feijóo y, mucho menos, con Vox- y Esteban González Pons con sus libros en Colombia, el presidente del PP se presenta ante el mundo como un posible primer ministro español que sabe menos de política exterior que de la autoría y fecha de publicación de 1984 y, lo que es peor, no tiene quien se la escriba.
En estos momentos, con Oriente Medio echando fuego y España liderando el "No a la guerra" como contra la invasión de Irak hace 23 años, sabemos que Feijóo y los suyos están a favor del ataque ILEGAL a Irán, en contra de que se defienda LEGALMENTE el territorio europeo damnificado por estas acciones ilegales de EEUU e Israel y a favor de anteponer los derechos humanos al derecho internacional, una afirmación del líder del PP que le perseguirá de por vida, tanto o más que su foto con el narco Marcial Dorado en un yate. Si yo tuviera que explicar a Feijóo por dónde tiene que empezar a formarse para dar lecciones de lo que sea y aunque sea para disimular, empezaría por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por ejemplo, en su artículo 28: "Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos". Así, al menos, no parecería que Feijóo tiene también un agujero negro en su cerebro y en su alma, responsable de tragarse su empatía junto con los conocimientos mínimos que se deberían exigir a quien quiere que le paguemos un sueldo entre todas.





