La mosca blava
dijous, 20 d’agost del 2026
Empar Moliner
dimecres, 19 d’agost del 2026
Elisa Beni
Huyendo de la historia
"La historia cuenta lo que sucedió; la poesía, lo que debía suceder"
Aristóteles
Acaban de sobrevivir a un evento histórico más. La historia nos persigue y olvida que el propio Montesquieu nos dijo que es más feliz el pueblo que no hace historia o que la hace aburrida. De ahí la maldición china que nos ha caído, con eso de vivir tiempos interesantes. Es curiosa la obsesión presentista por la historia que nos asuela, a nosotros o a nuestros gobernantes y nuestros medios de comunicación. Todo es historia antes de serlo. Las desgracias devienen hechos históricos, como si la condición de ir a ser recordados alejara las zozobras en que nos sumen: histórica pandemia, histórico apagón, histórica erupción, históricas inundaciones, histórica invasión, histórico eclipse, memoria histórica, el lado bueno de la historia.
Parte de la población vive sumida en el FOMO (Fear Of Missing Out) de no perderse la historia. Hacer historia es la última moda en materia de pervivencia, olvidando que no somos sino motas de polvo en el devenir de los siglos y que la historia es el poso destilado de ese transcurrir de nuestros días que para nosotros no es sino la vida. Y corriendo para no hacer historia, la hacemos sin querer, provocando acontecimientos sociológicos que algún día, allende los tiempos, alguien estudiará para convertirlos en historia. Todo lo que hagamos por pertenecer a ella es esfuerzo vano. La historia que vivamos la contarán otros sin que nosotros tengamos nada que hacer o que decir en ese empeño. Es megalómano el esfuerzo de pretender construirla o incrustarnos en sus páginas. Y eso reconcome a Pedro Sánchez, que, como sabemos por el ministro fugaz Máximo Huerta, cuando acudió a presentar su dimisión forzada a Moncloa, fue interrumpido por el egocéntrico, que se preguntaba en voz alta cómo pasaría él a la historia, cuál sería su legado en comparación con el de otros presidentes. Luego, por sus hechos, hemos comprobado que, en realidad, lo suyo no era sino un pulso retórico a la historia.
Es un adanismo contemporáneo considerar que todo lo que a nosotros nos sucede es único, primigéneo, inexplorado, como si todas nuestras desgracias no hubieran sucedido en la lejanía de los siglos y no fueran a volver a suceder. Es un narcisismo individual y social creer que nuestra contemplación de los hechos los transformará para los hombres del futuro, como si nuestra presencia los dotara de legitimidad. No es algo nuevo. Supongo que los hombres y las mujeres que se agolpaban para ver entrar a los césares invictos o que vitoreaban a reyes y emperadores en las bodas o entronizaciones también pensaban estar contemplando un acontecimiento sin igual y, como sabemos, a los ojos de la historia, no son sino un difuso decorado que en nada cambia el sentido de lo sucedido, salvo, obviamente, si hablamos de las revoluciones, en las que nadie participó para ser parte de la historia, sino para cambiar los presentes, que era y es lo que, sin duda, importa.
De este uso moderno de la conciencia histórica debería preocuparnos el borreguismo que entraña. Porque no hay duda de que, por unas y otras fuerzas, esa conciencia de trascendencia del humano se está utilizando para movilizarlo o para detenerlo o para dispersarlo. Lo mismo si te lanzan sobre un eclipse como si fuera cuestión de Estado que si te lanzan contra una frontera a pecho descubierto para cumplir sus sueños de poder. Haces historia para ellos. A los periodistas siempre se nos ha llamado, no sé si en tono jocoso, notarios de la historia; acuciados por la misión perpetua de reseñar los eventos consuetudinarios que acaecen por la rua, que dijo Machado. Tal vez por eso somos plenamente conscientes de que lo nuestro, como lo de nuestros coetáneos, es el ahora y que solo tras ese destilado de tiempo y polvo que precipita en archivos, hemerotecas y bibliotecas, alguien lo desempolvará para darle el sentido y el contexto adecuado al que hoy día apenas alcanzamos.
Y cuando todo ello suceda, allá en siglos venideros sobre los que solo podemos sospechar relatos, ficciones e imaginación, todo será reinterpretado una y otra vez por seres que nos serán semejantes y a la par tan distintos como lo somos nosotros de un griego clásico. Lo leerán con sus ojos, a los que es posible que todo lo que nos pareció inefable a nosotros les parezca rutinario. ¿Qué pensará un hombre que viaje a Marte o tal vez a otro planeta para conocer a sus nietos de que nosotros flipáramos en masa con un eclipse de Sol? O tal vez a uno que viva enterrado en un silo de hormigón hasta esperar que el planeta se limpie de radiación le resulte de lo más evocador. ¿Qué podemos saber nosotros de la historia?
Por supuesto, no podía faltar en la ecuación el porcentaje de personas que deciden quedarse al margen de los flujos de las masas. No haciendo lo que todos, también hacen lo que se espera, porque ninguno podemos actuar con total originalidad al ser esclavos de nuestra propia naturaleza. Uno corre hacia el eclipse o lo ignora. Ninguna de las dos actitudes resulta nueva ni histórica. Tenemos que asumir, todos, hasta nuestro presidente, que es la historia la que elige a sus hijos, excepto en el caso de quienes acometen grandes hazañas guerreras, políticas o intelectuales, y ni siquiera estos lo tienen claro. La Historia elige también entre ellos y arrumba a científicos preclaros dando sus logros a otros, olvida a mujeres cuya presencia cambió el rumbo de las cosas para traspasar su gloria a hombres que les fueron amados u odiados, deja en la cuneta a unos reyes y ensalza a otros y sume en el lodo de la memoria de la mayoría los nombres de tantos gobernantes que hoy ya solo son el nombre de una calle que casi nadie sabe por qué les pusieron.
Huyendo de la historia me vine y con la historia me he topado. Con la de verdad. Me acecha en cada villa, en cada paisaje, en cada columna enhiesta frente al mar. La historia que fue de un pueblo y que ciertamente devino también la nuestra. Y así, me van a perdonar, les remito esta reflexión justo mirando el cambio de corrientes de este estrecho que tanto hizo pensar al estagirita justo antes de morir. Lo suyo, amigos, sí que hizo historia. Como hijos pródigos volvemos a él y a la poesía.
dimarts, 18 d’agost del 2026
Cristina Fallarás
Nuestra participación en el asesinato de Lorca
Dieron un golpe de estado los enemigos de la libertad, de la decencia, enemigos de la Cultura y la imaginación, y asesinaron al Poeta. Dieron un golpe de Estado los afectos a la sotana y la pistola, a la hembra encerrada y el eructo en taberna, y asesinaron al Poeta. Hace ahora 90 años, junto al barranco de Víznar, los golpistas del 36 asesinaron a Federico García Lorca.
Luego nos contaron que "murió", lo publicaron en los libros de texto escolares y en crónicas infectas, pero no "murió", a Lorca lo mataron. A él y a otras 150.000 o 200.000 personas, durante la Guerra Civil, y después, durante la dictadura franquista que siguió. Pero nosotras éramos escolares del franquismo, el régimen asesino, y en sus libros se elogiaba a los poetas, a Lorca y a Antonio Machado, republicano que cruzó la frontera de Francia para morir en Collioure, y Miguel Hernández, que murió preso. Y a Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén o María Zambrano, todos exiliados. Hay algo profundamente perverso en esa forma de asimilar tus crímenes y darles la vuelta.
España está especializada en perversiones, con esta democracia sembrada de fosas comunes y cunetas de huesos. Los cuerpos de más de 114.000 asesinados y asesinadas de entonces permanecen sin exhumar. Después de 50 años de democracia, ahí siguen. Y entre todos los huesos, los de Lorca. Ni siquiera sabemos dónde están, qué terrible desidia la de los ignorantes.
Recuerdo la determinación de un antropólogo forense que participó en las exhumaciones junto al cementerio de Guadalajara propiciadas por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Nos contó que su madre solía venir de vacaciones a algún lugar de la costa de la Comunitat Valenciana. Le dijo que dejara de hacerlo: "En este país se anda sobre huesos de asesinados".
Podría no ser así. En los últimos 50 años, medio siglo, el Partido Socialista ha gobernado el país durante cerca de tres décadas, sumando los mandatos de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. Pero Federico García Lorca sigue bajo tierra, nadie sabe dónde. Como ahí siguen los miles y miles y miles de republicanos y republicanas asesinadas. De las derechas patrias, todas sucesoras del franquismo, no se esperaba nada. ¿Qué papel juegan, pues, los socialistas? ¿Qué heredan y qué sostienen? ¿Cuál las izquierdas varias?
El régimen franquista asumió al mismo poeta que asesinó de igual manera que la democracia española asumió los pasos dados por la dictadura. Esa es nuestra condena, esa nuestra forma de olvidar a los asesinos y a sus víctimas, esa nuestra participación en el crimen.
dilluns, 17 d’agost del 2026
Marta Nebot
Los 'cortaflujos' migratorios
Este verano Europa también arde en otro sentido. Los cortaflujos migratorios no vienen en los diccionarios, como los otros, pero los ministros de Interior y Exteriores de los países europeos del Mediterráneo de los últimos quince años saben muy bien que también frenan muchos incendios.
La Unión Europea decidió, particularmente desde la crisis de los refugiados sirios de 2015, que, además de colaborar en el desarrollo de los países de origen de estos flujos para evitar nuevos éxodos hacia nosotros, iba a promover acuerdos con los países que pueden taponarlos con menos cortapisas legales que las que nosotros tenemos. Es decir, que hace tiempo que tenemos dos tipos de cortaflujos: los razonables y los otros; los que –sabiéndolo o no queriendo saberlo– evitan, en países donde es público y notorio que no respetan los derechos humanos, que los migrantes lleguen a nuestros territorios.
Y no disimulamos. Uno de ellos, por ejemplo, Marruecos, recibirá, entre 2021 y 2027, 500 millones de euros aprobados por Bruselas para la "gestión" de estos flujos. España, por la cuenta que nos trae –somos el país europeo más cercano, con dos ciudades autónomas en suelo africano rodeadas de Marruecos– también pasa por caja para fomentar "estas gestiones" con partidas con nombres tan sugerentes como "colaboración policial", mezclando la vigilancia antiterrorista con estos ¿trabajos? Público ha intentado recopilar y aclarar las inversiones españolas en estas "colaboraciones" con éxito relativo. Sumadas salen partidas de 40, 20, 30 millones -entre unas cosas y otras- que el ministerio de Exteriores no ha aclarado, ni confirmado ni desmentido. La transparencia en este asunto brilla por su opacidad, bajo el sobrenombre de geopolítica.
¿Nadie quiere ser el que pegue la bofetada de realidad? ¿La idea es que no lo pensemos mucho, que sigamos con nuestras burguesas vidas europeas, que nuestras incoherencias nos pasen desapercibidas, que simplemente pongamos puertas más altas al hambre de vidas mejores mientras se globaliza el proselitismo de lo bien que aquí vivimos, mientras las grandes tecnológicas no dejan de retransmitirlo y ampliar el mercado en el que venden nuestro modo de vida como el único, en el que reducen el mundo de los sueños a uno solo?
Es sintomático que todo el mundo tenga un teléfono móvil, que se pueda no tener qué comer, ni qué vestir, pero no se pueda prescindir de la máquina de proyectar las aspiraciones globales.
Entre los menores no acompañados registrados en Ceuta después de la entrada histórica del 31 de julio hay 600 niñas y 400 menores de 13 años. Sus perfiles han cambiado. Ellas nos ven a nosotras y huyen de vidas sometidas. Ellos se atreven a aventurarse antes. Muchos quieren ser futbolistas.
Todo dice que los juegos del hambre nunca fueron juegos, que la aspiración humana es inevitable, que no habrá cortafuego posible para los incendios migratorios de quinta generación que se avecinan, desde los países con un ápice de desarrollo, si no le ponemos remedio.
En mitad de este nuevo fuego veraniego llama la atención un dato que se está diciendo poco: en el primer semestre de año las entradas irregulares de inmigrantes a suelo europeo disminuyeron un 40%. Es decir, antes de que se hubiera endurecido el control de las migraciones con la entrada en vigor del PEMA, el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, el pasado 12 de junio de 2026, la GLOBAL GATEWAY, el plan anterior, estaba dando sus frutos. Este otro cortafuegos, de nombre tan pretencioso, era más inteligente, más constructivo, más a largo plazo y defendible por quienes no despreciamos la vida humana. Tenía un enfoque geopolítico de macro inversiones para disputar la influencia china en África, pero también para incrementar su desarrollo y prevenir la emigración masiva.
Este paquete de medidas aprobado por la Comisión Europea para 2022-2027 acabará invirtiendo más de 150.000 millones en este continente y funciona. Las autoridades comunitarias confirman que ya se han movilizado más de 120.000 millones de euros en proyectos de infraestructura digital, transporte, energía y sanidad en territorio africano.
Las imágenes de la marcha sobre Ceuta, los más de 8.000 que han quedado vagando por sus calles, ¿han terminado de enterrar esta vía para la opinión pública europea? Por ahora han dado letra a ultras como Meloni que arrastró a 22 de los 27 a firmar una carta basada en una mentira: los que entraron en Ceuta no entraron en Europa. A ese nivel llega la desinformación que nos asola.
En Europa, como aquí, los partidos ultras siguen marcando el camino del endurecimiento de la represión de los flujos migratorios, negando que es mejor prevenirlos que contenerlos; negando que es mejor, una vez que están aquí, hacerse cargo. Paradójicamente, es lo mismo que ocurre con los otros incendios.
La ultraderecha se alimenta de mentiras, miedo y contradicciones. Si pagamos para que otros peguen, ¿por qué no dejarnos de legalidades y pegar nosotros? Si sabemos que lo hacen y lo fomentamos, ¿por qué no les devolvemos a los que se les han escapado? Son razonamientos horribles, sí. Solo siguen la línea de puntos que en parte hemos estado escribiendo.
Así que Europa no debe seguir jugando a todo y menos jugárselo todo a la represión infinita. Si se corta la inversión en que el tercer mundo mejore no habrá cortaflujos que los pare. Si el relato ultra sigue ganando poder en España y en Europa podemos vernos pronto disparando a mujeres y niños desarmados, perdiendo la humanidad del todo.
Marta Nebot
La vuelta de a saber como son.
Son gente polidonica a un passar
de anagrama por pueblo y gente: un rifeño
una patera de ir y venta al sueño,
entre femeninas a isos de empuje.
Alguna ya pasarán, renueva amar.
Acompassan las olas al ceño
Sanlucar de Barrameda y a escaño
por Teruel; al tanto de sabios vagar.
Extranjero a perder de celos a oido,
ningún gregario queda a raiz patera,
solo el mar por amores a pelicula.
Una sinagoga de amar tan baldío
y qué saprofago espera donde era.
Una conciliación al mundo al palmar
sea alinea al cielo que escoja emergencia.
F Abiton
Empar Moliner
Vull un arrest domiciliari Com que anem a la nostra, i en agost de calda i mosques encara més, no sabem qui és l’amo de l’empresa immobili...
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